sábado, 8 de septiembre de 2012

Una voz alada, Alcira.



                                                                                                           Si ya no estoy viva
                                                                                                 cuando vuelvan los mirlos,
                                                                                                             al de corbata roja
                                                                                                       dale por mí una miga.
Emily Dickinson[1]


El libro Oficio de aurora de Alcira Fidalgo fue publicado en el año 2002, bajo la dirección de José Luis Mangieri y por la editorial Libros de Tierra Firme. En esta publicación se reunieron varios de los poemas de Alcira que fueron conservados por su madre, Nélida Pizarro.
      Dueña de una notable sensibilidad, Alcira nos ofrece una poética apasionante,  en la que se pregunta constantemente por el sentido de la ausencia, del cuerpo y de la muerte. Sus palabras son intensas como lo es el color rojo de la sangre:

La patria es un dolor que aún me sangra en
                                                las espaldas[2]

El lenguaje de Alcira es lenguaje de la intemperie. Un cuerpo desprotegido que busca refugiarse y no halla dónde hacerlo. Sólo la espalda puede resguardarla, aunque sangre. El dolor expulsa la voz, la arranca. El cuerpo que sangra, tiempo después, será también el de la Patria porque no cuidó, sino que expulsó y expuso.
     Las palabras “dolor”, “espaldas” y “sangra” nos remiten también a la tortura. Es “La patria” la que produce “dolor” y lastima el cuerpo. La tensión que surge entre “me sangra” -que remite a un sujeto- y, “las espaldas” -que remite a varios- nos muestra cómo el dolor es vivido en uno, pero ofrendado también por los demás.
      En “Oficio de aurora” los poemas se acompañan con dibujos y ambos se brindan al lector quien los sostiene página tras página:
           
“Se presentan aquí poemas y dibujos de Alcira Fidalgo […] conservados por su madre; sin ella –y su incesante memoria– este libro no hubiera sido posible”[3]

El libro está compuesto por una Nota preliminar, le continúa Otra voz canta, luego Oficio de aurora y finalmente Voces familiares. Las palabras de la contratapa pertenecen a José Luis Mangieri.

En “Otra voz canta” cada apartado se inicia con un poema de Circe Maia. Pero además de los epígrafes de esta escritora, encontramos algunas fotos: la primera es una del año 1949, donde Nélida y Andrés sostienen a Alcira, Trelew. En “Otra voz canta”, se intercalaron aquellas fotografías (seis en total) y un dibujo: así entre notas, imágenes y diálogos se reconstruye la vida de Alcira, desde su infancia hasta su desaparición en 1978:

“Hubo una adolescente que pedía una moneda para permitir leer su revista. Después comprendió que su “Único desafío” era “seguir viviendo” aunque dure la ausencia de su amado. Ahora, desde este libro, la joven eterna ya no nos pide nada a cambio y, sin embargo, nos hace vivir con ella”[4]

“oficio de aurora”, el nombre del libro, es el verso final de un poema llamado “Boceto” y que, según consta en la Nota preliminar, fue escrito con motivo de la muerte de Ernesto “Che” Guevara. Reynaldo Castro como editor, estuvo a cargo de la clasificación y selección del material para el libro. Muchos poemas conservan las fechas que aparecían en los originales.
      La libertad es una constante en la poética de Alcira, por eso la presencia de alas y pájaros, pero también encontramos la lucha, la rebeldía y la revuelta:  

Con las armas de trabajo cotidiano:
el lápiz, el papel, la lapicera,
estoy haciendo un collar
de poemas

El verbo “estoy” instaura la temporalidad, pero el presente ya no es algo instantáneo que se diluye con rapidez, ya que la presencia del gerundio crea cierta morosidad. El movimiento rápido se torna lento; es una escritura meditada, como engarzar eslabón tras eslabón para armar “un collar”: palabra tras palabra para inscribirse en un poema. 
       En ese “aquí”, que es el poema, los objetos como “el lápiz, el papel, la lapicera” resignifican el acto de la escritura porque son como “armas”. La escritura, las palabras adquieren otro peso. La pérdida de la inocencia es toda escritura. Lo cotidiano deviene espacio de lucha. La escritura, la pintura, el arte en general, son “armas de trabajo cotidiano” que nos recuerdan el compromiso diario para sobrevivir.
      “Las armas” son el símbolo de la guerra, la violencia y la destrucción, pero también el de la lucha, la rebeldía y la revuelta. En este espacio que bien podría ser el de los hombres, la voz lírica nos habla de “un collar”, sugiere así la presencia de lo femenino. Y es que escribir nos remite al tejer. Mujeres que toman armas porque tejen, escriben. Mujeres prometeicas que se rebelan “por un y por el” arte que las sostiene.
                                                       
Dibujos que hablan.
Alcira asistió al taller de Medardo Pantoja, uno de los fundadores de la Revista Tarja. Nélida también conservó esos dibujos que luego fueron incluidos en “Oficio de aurora”. El artista plástico Víctor Montoya se hizo cargo de la selección y ordenó esos dibujos de manera complementaria a los textos.

“A los seis años empezó a asistir al taller de dibujo y pintura que dirigía Medardo Pantoja […] del paso por ese taller quedó una importante cantidad de dibujos, algunos en papelitos sueltos”[5]

La poética de AF permite recorrer varios caminos para reflexionar sobre nuestra condición humana. La rebeldía, la crueldad, la creatividad, el erotismo, son una constante que nos enfrentan a nuestra propia condición. Los dibujos y poemas de su libro nos recuerdan el arrebato: Alcira, la escritora desaparecida por la ESMA.
      La liviandad y la pesadez se mezclan en el aire propio de los tiempos dictatoriales en Argentina. El aire se torna pesado y asfixia. De allí la ofuscación y la respiración entrecortada. El grito enmudecido de las palabras que no se liberan. Entonces la poesía se vuelve aliento vital y regresa al aire su propio movimiento, allí nos sitúa la poética de Alcira.  


Publicado en "El oficio de la alquimia" Revista Digital Meta Arte N° 3 - Aire. 
Setiembre - 2012.
Visitá: www.metaarte.com.ar


[1] Fragmento. Traducción Ernesto Cardenal  y José Coronel en Tumba tumba retumba. 2001. Selección, prólogo y notas: Perla Suez. Bs. As.: Alción Editora. Pág. 29.
[2] FIDALGO, Alcira. 2002. Oficio de aurora. Buenos Aires: Libros de tierra firme. Pág. 64.
[3] Op. Cit. Pág. 7.
[4] Op. Cit. Pág. 45.
[5] Op. Cit. Pág. 13.

sábado, 25 de agosto de 2012

Pachamama: abundancias y despojos.


Jujuy. 2011
Ella, ellas.

“ella da los años güenos y ella castiga con los años malos” 
Lorenza de Moreno.   

Su existencia data de muchos siglos antes del descubrimiento de América y aún sobrevive en algunas zonas del noroeste argentino, Bolivia y Perú. Cuando los españoles pisaron suelo americano, la leyenda de la Pachamama ya constituía parte del folklore incaico por eso, según lo señalan algunos estudios, su origen debe rastrearse en las comunidades agrícolas del occidente sudamericano.
            Muchas son las versiones de la Pachamama. Algunas de ellas nos dicen que es una sola y que nadie sabe cómo es, nunca nadie la ha visto. Sin embargo existe otra versión que sostiene que no se trata de una Pachamama, sino de varias:

“Como son muchas las Pachamamas, alguna de ellas, en determinado lugar, puede estar disgustada con alguien. Entonces hay mudarse donde otra Pachamama […] sea bondadosa y no tenga rencores”[1].

Más allá de si se trata de una o de varias, existe entre estas versiones un punto en común y es que la imagen de la Pachamama es una imagen escindida: por un lado es la madre que todo lo provee pero, por el otro, es la que castiga cuando no se le cumple.

“Mitá buena”[2]:
“La deidad es generosa con la gente buena”
Cuentos regionales argentinos.

Y las voces pasaron al papel para resguardarse del tiempo: “La Pachamama es la tierra. Nos da todo lo que tenimos y comimos. Su día es el 1° de agosto”[3]. Así comienza una de las doce versiones que Berta Vidal de Battini recopiló a lo largo de la Argentina. Celebrada cada primero de agosto, la Pachamama es la madre que amorosamente cuida, protege y alimenta a todos aquellos quienes la respetan y veneran: “es la que nos da de comer a todos. Ella es la que cuida la hacienda y multiplica la hacienda”[4].
Se le ofrece comida, alcohol, cigarro y coca. Hay que alimentarla y ella será generosa “se entierra en un lugar cerca de la casa una olla de barro con comida cocida. También se pone coca, yicta, alcohol, vino, cigarros y chicha”[5]. Bondadosa con quienes cada año le rinden culto, la Pachamama les procurará bienestar, protección y salud. Cuidará sus animales, la hacienda. Pero si no se cumple, si uno falla, ella castigará.  

“Mitá mala”:
 “No hay que reírse pues de lo contrario sobrevendrá el castigo”
Elena Bossi

Entonces ella, la tierra, escarmienta. Se transforma en la madre que reprende a sus hijos, la Pachamama deviene fosa sepulcral. Ya no procurará cuidados. Su seno ya no dará vida, ahora es seno mortuorio. Los despoja de sus bienes. Fallarle constituye una ofensa que se paga con la propia vida o con la de algún ser querido: “Y lo ha visto la hija, una muchacha de diez y seis años […] el padre se ha salvau en una raíz de sauce. Y el río ha llevado […] a la niña. […] El río castiga porque lo manda la Pachamama”[6].

Ella es ellas. Juntas y antagónicas. La Pachamama, la Madre Tierra, puede ser dadora de vida, la que brinda alimentos y cuidados a quienes la respetan. No obstante, quien la ofenda será castigado. Entonces embravece las aguas para acarrear la muerte, devora la hacienda. La tierra ya no da vida, sino que fagocita. Enojada y dolida, procura el despojo, la pérdida como forma de castigo para que sirva de lección al resto de sus hijos. 


De "El oficio de la alquimia" en Revista Digital Meta Arte N° 2 - Especial Pachamama. Agosto - 2012.
Visitá: www.metaarte.com.ar


[1] PALEARI, Antonio. 1988.  Diccionario de los dioses andinos. Buenos Aires. Pág. 225. 
[2] Referido a la sirenas. “mitá mala, mitá buena” en  http://beangos.info/unambihuoinfo/?page_id=1731
[3] VIDAL DE BATTINI, Berta E. 1984. Cuentos y leyendas populares de la Argentina. Ediciones Culturales Argentinas. Ministerio de Educación y Justicia. Buenos Aires, Versión 2273.
[4] Ibidem. Pág. 775.
[5] Ibidem. Pág. 765.
[6] Ibidem. Pág. 771.

lunes, 20 de agosto de 2012

IV Jornadas del Norte Argentino. Jujuy.

VI Jornadas de Estudios Literarios y Lingüísticos. FHyCS. UNJu.  Parte de Prensa. 
Los días 10, 11 y 12 de octubre del cte. año se llevarán a cabo las 4º Jornadas del Norte Argentino en Estudios Literarios y Lingüísticos, en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de Otero 262, bajo el lema DE ÉXODOS, EXILIOS Y MARGINACIONES: “A DOSCIENTOS AÑOS DEL ÉXODO JUJEÑO”.
Debido a las consultas recibidas, el plazo para la presentación de resúmenes se ha extendido hasta el día viernes 31 de agosto.
En esta edición, contaremos con la presencia de importantes personalidades de las Letras, la Historia y la Cultura General, tanto de nuestra provincia como del resto del país. Algunas de ellas son: Angélica Gorodischer, Ana Gloria Moya, María Teresa Andruetto, Patricia Calvelo, Dora Geronazzo y María Luisa Acuña.
Entre las modalidades de participación están previstos Simposios de temáticas afines al lema del encuentro, Experiencias Sistematizadas (prácticas de la enseñanza de la Lengua y la Literatura), encuentros de Equipos de Investigación y un Foro de Debate Estudiantil que estará dirigido por el Magister Mario Vilca. 

Curso de Posgrado
También en el marco de las Jornadas y como actividad preparatoria, se dictará del 3 al 7 de septiembre el curso de posgrado, perfeccionamiento y capacitación “Itinerarios y prácticas de la lectura” que estará a cargo del Dr. Raúl Dorra de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla-Méjico.
Aquellos interesados en participar de las Jornadas o el curso del Dr. Dorra, pueden comunicarse a la siguiente dirección: 4jornadasdelnorte@gmail.com, al teléfono: 4221511 o personalmente en Otero 262.

Visitá: www.4jornadasdelnorte.blogspot.com.ar
 

jueves, 16 de agosto de 2012

rehab


Prendiste la radio. De fondo la genia de Amy Winehouse nos cantaba. Levantarnos para, abrazados, ponernos a bailar. En la cama, entre susurros y la agitación, la liberación de tus palabras los niños bien no deberían portarse así. Te reíste y me abrazaste. Partiste, como siempre. Pasé el resto de la mañana en cama. Mi mensaje de texto para darte las gracias, me hizo pensar en Botticelli.