viernes, 3 de agosto de 2012

“los poemas del jigante” de Álvaro Cormenzana.


una grafía incierta donde cada lugar es un mundo
María Negroni


Giuseppe Ungaretti, Dámaso Alonso, Enrique Molina, Paul Eluard, James Joyce, Henri Michaux, Nicolás Guillen, entre otros, acompañan algunos de “los poemas del jigante”, el libro de Álvaro Cormenzana, que obtuvo en 1977 el Premio Ricardo Jaimes Freyre (Tucumán) y fue recomendado para su publicación al Gobierno de la Provincia; ese año el jurado estuvo compuesto por Raúl Gustavo Aguirre, Olga Orozco y Roberto Juarroz.


Comienzo la lectura de este poemario en un viaje. De un punto de la ciudad a otro. Por momentos levanto la mirada y veo por la ventanilla del transporte cómo las imágenes se suceden. Ocurre algo semejante cuando leemos un poema, las palabras se suceden hasta que una nos detiene y levantamos la mirada para ver por la ventanilla aquello que queda atrás. Y degustamos por un instante esa palabra, ese verso, que detuvo nuestro viaje, que es toda lectura. 
 Publicado por 3 Ramones Editores en 2011 y divido en: el origen y los cuerpos; el agua y el espejo; las voces y los nombres; y la música y el aire. El poeta nos ofrece un libro cuyas palabras son in-tensas:

Nos ponemos luces en el cuerpo
y caminamos bajo el agua
Mario Romero

Es áspero tu cuerpo.
Ya las manos de mi tacto
no son mías
y
te quedas
sintiendo mi caricia
en otro cuerpo.
No preguntes dónde estamos.[1]         

Un cuerpo que se despoja del “tacto” y luego de “las manos”, pero al que aún pertenece la “caricia” “en otro cuerpo”, al que también se abandona. Es curioso que la voz pida que no se pregunte, cuando es lo que se está haciendo. Y es que la pregunta evidencia la partida, a la vez que instaura ese aquí donde estos dos cuerpos se reúnen y esconden.  
Con un manejo extraordinario de las marcas enunciativas, este autor nos acerca su poesía con la que es posible borrar los límites del propio cuerpo y lograr una continuidad, una común-unión:

Soy yo mismo
cuando
en ti
me pierdo.[2]    

Todo extravío es, en realidad, un camino de regreso. Para poder volver a ser “yo mismo”, es necesario perderme “en ti”. Sólo de esa manera estará garantizado el retorno. La voz lírica nos obliga a sostener el poema, involucrándonos discursivamente a través de esa primera persona que dice -y por lo tanto, todo lector también afirmará- “esa” necesidad de saberse perdido para encontrarse. Es un doble movimiento. 
            Paul Valéry comparó la prosa con la marcha y la poesía con la danza. La danza tensa el cuerpo, lo vuelve figura. La poesía tensa el lenguaje. En un poema, las palabras adquieren otro peso, adoptan otro cuerpo, un cuerpo vuelto figura.
Por su estilo, AC es considerado “una de las voces más originales de su generación”. La lectura de sus poemas nos atrapa en un viaje que regresa sobre las sombras de sus pasos porque “No todo se olvidó / A pesar de la luz nueva.[3]

Reseña publicada en Revista Digital Meta Arte N° 1 - Forward. Julio - 2012.
Visitá: www.metaarte.com.ar

[1] Cormenzana, A. 2011. los poemas del jigante. Jujuy: 3 ramones editores. Pág. 11.  
[2] Ibidem. Pág. 93.
[3] Ibidem. Pág. 43.

6 comentarios:

  1. Qué bueno amigo! Quiero leerme a Cormenzana ya!!

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  2. es un libro muy bueno! que lindo que leas lo que escribo!

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  3. Soy Martín Otero, de 3Ramones. Me parecen muy lúcidos tus comentarios sobre el libro de Alvaro y me encantaría saber cómo llegaste a él.
    Una saludo desde Jujuy

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  4. Gracias Martín, yo tb vivo en Jujuy, incluso creo que nos conocemos. Qué bueno que te haya gustado la reseña, el libro me gustó mucho así que estoy a la espera del siguiente. abrazos!

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  5. Hola, Juan llegué a tu Blog, Gracias a Nélida Cañas. Les agradezco a los dos!

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    1. Hola Alfredo! Muchas gracias por la visita! Bienvenido y espero que disfrutés cada vez que estés en el blog! Abrazos!

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