jueves, 30 de mayo de 2013

Otoño en el Circo.

En el número de Otoño de la Revista Cultura Circo cromático, reseñé el libro "Palabras pintadas", aquí un fragmento acompañado de otras fotografías de la misma obra.


Habitar, entre imágenes, la palabra.
por Juan Páez.

La psicodelia es una experiencia introspectiva que se define por la exteriorización de un mundo interior, el de la propia conciencia. En el campo del arte, se la identificó con un movimiento concreto: el arte psicodélico que se dio a partir de los años cincuenta del siglo pasado y al que podríamos describir como revolucionario. Uno de sus rasgos es la alteración de las percepciones. Y justamente, si de percepciones se trata, podemos relacionarla con la sinestesia; dicho término señala la transposición de las sensaciones. Desde esta perspectiva, la sinestesia es la fusión, o más bien la confusión, sensorial. La vista, el olfato, el gusto, el tacto y la audición se funden y esquivan la clasificación heredada. Decíamos que los sentidos se con-funden y es que esta figura los mezclan como si fueran colores en la paleta de un pintor.

“palabras pintadas” es una obra compilada por Alejandra Siles, Florencia Angulo, Nora Carnio y Luisa Sosa, editada en 2012 por el sello EdiUnju. En este libro, palabra y pintura se unen hasta volverse un mismo cuerpo a los que, sin embargo, podemos leer independientemente unos de otros. Nos referimos anteriormente a la sinestesia y es que el nombre del libro atiende a dos percepciones distintas: al auditivo, si pensamos en la voz, y al visual, si nos referimos al color. Por lo tanto, desde un principio Palabras pintadas advierte al lector sobre el juego que esconde; Carmen Cecilia Espinoza en el Prólogo nos dice: “Palabras pintadas reúne un legado de narraciones y símbolos coloreados con sonidos y melodías”. Ellos pintarán no sólo las palabras, sino también la voz misma del lector.   

Lápiz, témperas, bolígrafo y aguada; papel quemado, tinta china, lápices de colores, biromes o marcadores; finalmente, algunos jugarán con apliques de diversos crayones. A partir de una serie de cuentos de autores jujeños, los artistas seleccionaron uno, escogieron el material, también la técnica, y retrataron la escena que vislumbraron durante su lectura. Para este proyecto, sin dudas, imaginar ocupa un lugar importante, así nos lo indican las compiladoras en una Introducción: la imaginación constituye nuestro privilegio como seres humanos.  

El juego palabra - pintura se dio en el marco del 1º Concurso de Ilustradores de Cuentos Literarios “Alianzas entre imágenes y palabras” cuyo primer premio fue para María Elena Roca, quien ilustró “Resistiendo el silencio” de Pablo Baca; pero además encontramos otros escritores que se suman al ya mencionado; ellos son Agustín Guerrero, Mónica Undiano, Pamela Stemberger, Mita Homs, Melisa Ortiz, Patricia Calvelo, Maximiliano Chedrese e Ildico Nassr. [Continúa]


 



lunes, 11 de marzo de 2013

Abuela Grillo

Pasaron apenas unos minutos de las 17, estoy en Córdoba y en breve lloverá. Gracias a Jesy Carrasco por acordarse de este corto tan lindo, basado en un cuento tradicional.

 

 Aquí algunos datos extraídos de: http://www.wayqui.pe/2010/07/abuela-grillo-un-cuento-cortometraje.html

"La cinta se realizó durante el año 2009 en The Animation Workshop que es la más importante escuela de animación de Dinamarca y una de las más prestigiosas de Europa. Para este fin, ocho animadores bolivianos fueron becados durante cinco meses para aprender el arte del dibujo animado tradicional al mismo tiempo que realizaban la película. 
         Los ocho artistas becados The Animation Workshop de Dinamarca y responsables de este corto son: Alejandro Salazar, Susana Villegas, Cecilia Delgado, Joaquín Cuevas, Miguel Mealla, Román Nina, Salvador Pomar y Mauricio Sejas. Todo esto bajo la dirección del notable animador francés Denis Chapon."

lunes, 18 de febrero de 2013

Ángel Negro: el eco de su voz en mi cuerpo.



Ahora duermo en tu lugar
quién iba a decir
Diosque. 

 

 

En el año 1992, Ángel Negro[1] obtuvo el premio “Ciudad de Palpalá” en el certamen literario organizado por el Departamento de Cultura de la Municipalidad de Palpalá, Provincia de Jujuy. El jurado estuvo compuesto por los escritores Andrés Fidalgo, Pablo Baca y Nélida Cañas. Como resultado de aquel concurso se publicó en 1993 su, hasta ahora, única obra Epístolas y fragmentos con el sello editorial Libros de Tierra Firme bajo la dirección de José Luis Mangieri.   

Diez años después de aquella publicación, Ángel Negro integraría el libro Eros, una obra compilada por Elena Bossi que reunió distintas producciones en torno al tema del erotismo. Este año, dicho autor formará parte de la nómina de autores contemporáneos que serán reeditados por el sello editorial Tres Tercios.   El poemario de AN es el “rincón de un cuarto desolado” donde los lectores también podremos llorar nuestros propios “exilios”. Los poemas, que se arman con “recuerdos y olvidos”, surgen mientras “la ciudad se muere”. Marcado por un fuerte tono intimista, este libro nos muestra cómo todo extravío deviene posibilidad de reencuentro, por lo tanto bastaría perderse para saberse uno mismo. La intemperie, que lo acecha todo, cubrirá el propio retorno. Cómplice, la noche resguarda el cuerpo de aquel que peregrina. Las “epístolas” guardan un secreto, por eso sus palabras son “pesadas cadenas” que impiden a la voz moverse con soltura, de allí tal vez la presencia de las barras en varios de los poemas. A continuación transcribimos un fragmento de su poema “El día (III)[2]”:

esa larga caravana / de gente sin rostro
entre montañas / ríos / desiertos /
peregrinos que guardan en cajitas
las cenizas de sus muertos / entre sus ropas
entre su carne maltrecha / entre el humo de otras
caravanas / entre mis ropas / mi cajita crepita

Las barras separan, pero comunican; conectan las palabras pero también distancian unas de otras. Detienen la lectura y manipulan la respiración del lector. Las palabras nacen como goteras sobre un mapa imperfecto. El poema nos habla de los “muertos”, de esos cuerpos sin alma, cuerpos “desiertos”, vacíos de vida. Los humanos nos cuidamos porque sabemos de nuestra fragilidad, peregrinamos la vida como si fueran “montañas” o “ríos”. En “cajitas” están sus “cenizas”, pero la muerte también se encuentra “entre” sus y mis “ropas”.

Los poemas de Negro se caracterizan por un espectacular juego con los pronombres. Estos desplazan la significación por aguas del desdoblamiento y la escisión. En ese “claroscuro”, surgen las confesiones de aquel “que se soñó frente al mar”. Entonces la escritura no es un acto inocente, sino que deviene “pasaje oscuro y luminoso”. Los pronombres nos extravían, el hilo de Ariadna se rompe, y emprendemos un regreso cauteloso, buscando el sentido de un poema para liberarnos también de ese laberinto que es uno mismo:  

Recuerdos[3]

Amar en el silencio
de las piedras
/ al amparo de vos
Sumar tus pasos
en mis sueños
partir ahora / decir/
de tus sonidos
en el mar de
que no ve ese
cuerpo loco adentro mío.

El “cuerpo” es el lugar de nuestros exilios internos. Allí conversamos distendidos y revelamos “Amar en el silencio”. El cuerpo, un hogar donde recibimos al otro al que volvemos nuestro invitado, le brindamos hospedaje para nosotros devenir huésped suyo, y habitarlo. En el poema, la voz retiene el “sonido” de “sus pasos” en “silencio”, busca que recuerdos no se diluyan: los pasos, tus sonidos, el mar, el silencio, mis sueños, todo ello “adentro mío”, adentro suyo.
El libro de AN, tal como lo señala Andrés Fidalgo en la contratapa, es “una mirada vuelta hacia la propia interioridad”. Una poética intimista que le permite al lector la experiencia del propio desahogo.    

Publicado en "El oficio de la alquimia" Revista Digital Meta Arte N° 4 - Home. 
Octubre - 2012.
Visitá: www.metaarte.com.ar

[1] AN nació el 27 de marzo de 1951 en Inriville, Provincia de Córdoba. Reside en Palpalá, Jujuy, desde 1990.
[2] Negro, Ángel. Epístolas y fragmento. 1993. Buenos Aires: Libros de tierra firme. Pág. 27.
[3] Op. Cit. Pág. 21.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Entre villancicos y obras pictóricas.



El pesebre es una representación escultórica que escenifica el Nacimiento del Niño Jesús. El 1° ó el 8° de diciembre, en los hogares donde se festeja la Navidad, suelen armarse estos pesebres para esperar el nacimiento del Divino Niño; sólo en algunos de ellos también se esperará la venida de otros niños, niñas y jóvenes que se acercarán para adorar. La música, que alimenta el ambiente de festividad, acompañará con sus melodías aquellos movimientos acompasados: 

“¡Huachito torito,
torito de corralito!
del árbol nació la rama
de la rama nació la flor
de la flor nació María
de María el Señor”[1]

El mundo maravilloso al que accedía por las lecturas me llevó a vivir la Navidad como algo mágico, sostiene Herminia Terrón de Bellomo en el prólogo a su libro “Al llegar la Nochebuena y otros villancicos cantados en Jujuy”, publicado en 2011 por Apóstrofe Ediciones. Esta obra, que reúne 80 versiones de villancicos, de diferentes informantes de varios puntos de la Provincia de Jujuy, es una recopilación dividida en 5 partes; este orden está guiado por la sucesión de los acontecimientos:

1-      La Anunciación.
2-      El Nacimiento.
3-      La Adoración.
4-      Los Reyes Magos.
5-      Otros Villancicos.

A continuación transcribimos un villancico, que corresponde al primer apartado La Anunciación; se trata de la versión 5:

La Virgen lavaba
la blanca mantilla
San José, la tiende
en las maravillas.[2]

Como podremos observar, cada una de estas subdivisiones incluye, luego del cuerpo de villancicos que lo integra, una breve reseña donde la autora realiza un comentario que ayuda a enriquecer la interpretación de los mismos. En este caso, Herminia Terrón de Bellomo, al referirse al villancico transcripto anteriormente, sostiene:
           
“El villancico que cierra esta secuencia es de gran delicadeza y belleza. Es un cuadro de paz y armonía que envuelve a San José y María”[3].

La relación, que surge entre imagen pictórica e imagen construida con palabras, es un rasgo distintivo de esta obra. 

 Pinceladas musicales:

“Es tan lindo el chiquito
Que más no puede ser,
Que su belleza copien,
El lápiz y el pincel”[4]
[Fragmento]

Esa “belleza” del cuadro, de la que se nos habla en la cita anterior, nos transforma en constantes espectadores y permite que establezcamos lazos con otra característica del libro, ya que se incluyen en él obras pictóricas de la artista plástica Lucía Inés Bautista. Las pinturas, que acompañan a los textos, logran una lectura interesante para ver cómo es que se brindan y sostienen.
 Desde esta perspectiva, el término imagen propone una distinción, en tanto se trate la imagen propia del cuadro, o bien se trate de aquella otra que se construye con palabras. Las obras pictóricas de Bautista en el interior del libro son dos: la primera la encontramos en La anunciación, y la segunda, en el apartado denominado Los Reyes Magos, pero a esta pintora también pertenece la obra de tapa.


No obstante, es necesario aclarar que también encontraremos algunos dibujos que pertenecen a la Nueva corónica y buen gobierno de Guamán Poma de Ayala y se encuentran ubicados en una reseña teórica que se realiza a propósito de los villancicos:

“Los villancicos son formas líricas de ancestral origen español. Eran formas populares de variadas temáticas, cantadas por los “villanos”, gente así llamada porque vivía en las “villas”[5].

Imágenes pictóricas e imágenes construidas por palabra narran las ausencias de aquella escenificación. Es interesante observar cómo las artes dialogan en este libro: la pintura, la literatura y la música entran en juego en apelación constante a nuestras percepciones. 

Sobre la selección:
El hecho de que los villancicos presenten una variedad temática supone, de parte del compilador, un criterio de selección. En este caso, Herminia Terrón de Bellomo tomó como eje de selección la historia que puede armarse, siguiendo un orden secuencial, de los villancicos cuando estos entran en contacto unos con otros:  

 “Los villancicos […] en su conjunto […]  conforman un relato, es decir, cuentan una historia en sus distintas secuencias”[6]


Recopilado por Herminia Terrón de Bellomo y un grupo de ayudantes, el proceso del libro corresponde a una etapa de investigación presentada en la Secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Jujuy. Producto de aquel proceso, ordenado y transdisciplinar, nació esta obra, que permite a sus lectores/espectadores escucharse tararear las melodías también de una infancia, donde guardamos, como tules de mariposas, los deseos de paz y felicidad.    


 
Publicado en "El oficio de la alquimia" Revista Digital Meta Arte N° 6 - Presente. 
Setiembre - 2012.
Visitá: www.metaarte.com.ar


[1] Terrón de Bellomo, H. (2011). Al llegar la Nochebuena y otros villancicos cantados en Jujuy. Apóstrofe Ediciones: San Salvador de Jujuy. [Fragmento]. Pág. 120.
[2] Ibidem. Pág. 29.
[3] Terrón de Bellomo. Pág. 30.
[4] Carrizo, Juan Alfonso. (2009). Canciones popular de Jujuy. Ediunju: San Salvador de Jujuy Pág. 138.
[5] Terrón de Bellomo. Pág. 15.
[6] Ibidem. Pág. 11.