En Vogue, Madonna canta: "What are you looking at? / Strike a pose...". Compartimos este precioso texto escrito por Daniel Gigena. Pueden seguirlo en su cuenta de Facebook
Las colas de zorro
Me dijo que
todos querían tríos y que muchos de la zona eran hombres casados. Él se había
mudado de Villa María a Santa Rosa de Calamuchita luego de dar un paso al
costado en una relación que calificó de imposible. Se había enamorado de un
amigo heterosexual que era adicto al crack y, si bien había sido un amor
correspondido durante tres años, había decidido alejarse y empezar de nuevo. El
hecho de que hubiera heredado de su familia un caserón en las sierras, a una
cuadra del río, ayudaba bastante. El baño estaba en proceso de refacción y
todavía no tenía agua caliente. Con aquel amigo heterosexual (el adjetivo tenía
mucha importancia porque lo repitió cuantas veces pudo) solo habían hecho el
amor una sola vez. “Fue increíble”, dijo con los ojos cerrados, como si
reviviera la escena y con una voz que a mí me pareció que era la que usaba para
hablarse a sí mismo cuando estaba a solas e incluso en presencia de otros (como
era el caso). Le dije que siempre había pensado que en ciudades como Villa
María o Río Cuarto se podía encontrar pareja con más facilidad que en Buenos
Aires o en Córdoba capital. ¿Era así? “Nada que ver, están todos enganchados
con la merca, es un ambiente muy oscuro”, respondió de manera amarga. Para
cambiar de tema elogié unas fotos de Madonna que tenía apoyadas en un viejo
sillón en el living de la casa. “Son de Confessions”, dijo al aire y sentí que
lo tenía que corregir. “Creo que son de Erotica”, murmuré. Me miró unos
segundos como diciendo qué decís tarada y a continuación casi vi el modo en que
su cabeza hacía clic, como si la misma Madonna hubiera entrado en su mente y le
susurrara “tiene razón” (en inglés). Aceptó que yo había acertado (como me dijo
una vez Torcuato Di Tella cuando le corregí un error insignificante); al mismo
tiempo, yo pensaba que no iba a animarme a pedirle una copia. Después de tomar
un vaso de soda, en el momento en que ya me estaba yendo, porque mis amigos (“una
pareja heterosexual”, agregué) me esperaban para desayunar en el hotel, me
pidió que lo esperara un minuto y que con el celular le sacara unas fotos a
orillas del río para poner en el perfil de Grindr. Arriba de un ajustado short
negro con piedritas de estrás se puso una bermuda medio mugrienta (eso lo
achaqué a la falta de agua caliente y a los hábitos indolentes que el verano
propicia). Eligió una piedra enorme donde sentarse de cara al sol, se sacó la
bermuda y se desabotonó la camisa de jean. Yo hacía tomas de cerca y de más
cerca, le pedía que bajara la pierna derecha para que se le notara mejor el
bulto y que mirara hacia el vado Viena. La mañana estaba resplandeciente y el
viento movía las colas de zorro. A la tarde le mandé un mensaje para preguntarle
si las fotos habían salido bien. “¡Bárbaras! –escribió-. Gracias, Steven Klein”
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© Daniel Gigena |